Tinta Sangre ECS-UCV

Grupo de discusión, lectura de poesía y escritura creativa

26 febrero 2008

Una lágrima en el ojo de un cronocopio



En algunas ocasiones, los ojos de cronopio brindan más dolor y angustia que alegría y poesía. Les toca traducir lo indescifrable, decodificar lo inexplicable. Lo peor es que, luego de alcanzada la hermenéutica, no encuentran un lenguaje propicio para retransmitirla o, en la mayoría de los casos, no cuentan con un auditorio de poetas, poetas de verdad, que se entusiasmen en la órbita de sus mundos compartidos y que se animen a escucharlos con sinceridad, porque también se requiere sinceridad (y mucha) para escuchar.

Las famas y las esperanzas, cada uno a su modo, ya no ordenan, ni engañan, ni bailan, ni sueñan, simplemente proyectan odio y desesperación. Unos como estratégicos y conscientes productores; otros como tristes e ignorantes consumidores. Las famas con su consabido método; las esperanzas con su ineludible e ingenua sumisión.

El país de los cronopios, las famas y las esperanzas se llena de discursos que esconden verdades; se inunda de escenarios virtuales (¿mediáticos?). Las famas quieren que las esperanzas piensen como ellos bajo un velo de engaño, pero no como ése que cantó el poeta alguna vez, sino como la seña del miedo y del poder quiere, desea, exige y desespera.

¿Lo más triste de todo? ¡Las esperanzas defienden a los famas! ¡Enarbolan sus banderas! ¡Repiten sus discursos! ¡Se ponen sus trajes invisibles! ¡Comparten sus viscosos nichos! ¡Beben de la misma cicuta!

¿Qué le queda al cronopio? Limpiar la lágrima que vierte tímidamente por culpa de la mentira velada de los famas y la estupidez hermosísima (pero en fin estúpida) de los esperanzas. Hurga en sus libros, ve películas, escribe un verso, busca las cartas de amor de su escritor favorito, escucha a Edith Piaf, piensa en las medias de huequitos, mira videos de Amy, toma una foto fuera de foco, invoca la trompeta de Armstrong y sigue la realidad desde su particular (pero propia y no impuesta) perspectiva.

Ah, y caza sonrisas...

Ésa es su única recompensa...

Cástor

25 febrero 2008

Que comience la funcion


Yo, la actriz secudaria que necesitas, para que con los ojos brillantes de pura inocencia te llene de luz.
Tú, el actor estelar de mi más hermoso montaje sobre estas tablas; el jocoso protagonista de esta tratragicomedia...más trágica que otra cosa...
Capaz de representar cualquier papel en tu vida,tu amante, tu amiga. Lloro aún tras telones y escondo mi rostro en cada libreto que trae el recuerdo de tu última y magistral actuación, adornada por el rechinar de la madera.
Tú, el más dulce y tierno caballero, o el más despiadado villano, siempre poseedor del especial talento de levantar mis mejillas, o hacerme llorar, sin mentiras, sin técnicas para producir el llanto.
Sólo ahora, sin el reflejo de las abrumadoras luces, sentada sobre estas butacas,percibo que fue nada mas una función, otra de tus funciones.

Afrodita